Desde su rol como jefa de carrera, la Dra. Lorena Meléndez Illanes reflexiona sobre la implementación del Modelo de Aseguramiento de la Calidad de la Formación en Nutrición y Dietética, destacando cómo la evaluación continua se convierte en una herramienta concreta para fortalecer los procesos formativos.
Asumir la jefatura de una carrera implica tomar decisiones, coordinar equipos y, sobre todo, mirar con atención los procesos que sostienen la formación de futuras y futuros profesionales. En ese contexto, la experiencia de la Dra. Lorena Meléndez Illanes, jefa de carrera de Nutrición y Dietética de la Facultad de Farmacia de la Universidad de Concepción, se ha visto marcada por la implementación del Modelo de Aseguramiento de la Calidad de la Formación, un mecanismo institucional que promueve la evaluación permanente y la mejora continua de la docencia.
Este Modelo, que contempla pregrado, posgrado y formación permanente, propone ciclos sistemáticos de evaluación que permiten analizar y actuar sobre distintos aspectos del recorrido formativo de las y los estudiantes. Esta herramienta entrega un marco claro para tomar decisiones informadas, con metas, plazos y responsabilidades alineadas al Plan Estratégico Institucional.
Para la docente, el acercamiento al Modelo comenzó casi en paralelo a su llegada a la jefatura de carrera:
“Llevo recién dos años como jefa de carrera y apenas asumí inicié el curso. Al principio con un poco de temor, porque no sabía bien a qué me enfrentaba, pero debo decir que han sido puras cosas buenas”, comenta. Desde su experiencia, el Modelo ha permitido ordenar procesos y, especialmente, generar espacios de reflexión colectiva al interior del Consejo de Carrera.
Uno de los principales aportes que identifica es la posibilidad de monitorear el avance de la carrera y detectar oportunamente los llamados ‘nudos críticos’:
“El poder ver cómo vamos, evaluar y detectar dónde tenemos que actuar ha sido súper relevante”, señala.
En ese ejercicio, explica, lograron identificar no solo problemáticas ya conocidas; como la retención estudiantil o las reprobaciones en asignaturas de ciencias básicas, sino también un aspecto que no habían visualizado con claridad: la relación con sus egresadas y egresados.
“Nos dimos cuenta de que nuestras y nuestros exestudiantes tienen una muy buena opinión de la universidad, pero no existe un vínculo sostenido con la carrera. Eso no lo teníamos en el radar y nos pareció muy importante. Este hallazgo nos permitió abrir nuevas líneas de acción, integrando ese desafío a proyectos concretos que hoy se encuentran en ejecución”, relata.
Actualmente, la carrera desarrolla un proyecto de apoyo a la Jefatura de Carrera que articula dos de estos nudos críticos: la retención y el fortalecimiento del sentido de pertenencia. En ese marco, la reciente conmemoración de los 50 años de la carrera se transformó también en una oportunidad para reforzar la vinculación con su comunidad de egresadas y egresados, evaluar los resultados de estas acciones y proyectar mejoras de cara al proceso formativo y al ingreso 2026.
Una motivación que se renueva con el tiempo
Esta mirada evaluativa se entrelaza también con la propia trayectoria de la Dra. Meléndez en la Universidad de Concepción, institución a la que llegó hace casi una década. Al mirar hacia atrás, reconoce que su vínculo con la institución se ha ido construyendo tanto desde lo profesional como desde lo humano. Más allá de los cargos o responsabilidades asumidas, lo que la impulsa a seguir participando activamente en procesos de mejora es la convicción de que evaluar y reflexionar permite crecer como comunidad:
“El sistema nos ha aportado puras cosas buenas. Eso hace que una tenga ganas de seguir, de decir ‘veamos cómo nos va el próximo año’, porque ya tenemos claridad respecto de hacia dónde apuntar y qué aspectos fortalecer”, comenta.
Destaca, además, el respaldo del Consejo de Carrera y el valor que ha tenido contar con fondos de apoyo, aun cuando sean acotados, ya que han permitido implementar acciones concretas y pertinentes para la realidad de la carrera. En ese sentido, subraya que uno de los mayores aportes del proceso es instalar una cultura de evaluación permanente, incluso en medio de la alta carga laboral que enfrentan las jefaturas de carrera.
“Con tantas tareas que tenemos como jefas y jefes de carrera, el Modelo está ahí, al ladito, recordándonos que no podemos dejar de evaluar. Es una señal constante de que siempre hay oportunidades para mejorar”, afirma. Para ella, los hitos del proceso, como los correos, las etapas y los plazos, funcionan como señales claras que invitan a detenerse, analizar y proyectar.
Diez años de trayectoria marcados por los vínculos
Al revisar su recorrido en la UdeC, Lorena Meléndez identifica en el reconocimiento cotidiano de las y los estudiantes uno de los aspectos más significativos de su experiencia. Son gestos simples, muchas veces inesperados, los que le confirman el sentido de su labor académica:
“Encontrarse con exestudiantes en distintos espacios y que se acerquen a saludar, que te digan que recuerdan con cariño su paso por la universidad o por tus clases, son detalles pequeños, pero muy significativos. Ahí una siente que vale la pena, que algo se ha hecho bien”, afirma.
Ese mismo sentido de comunidad lo extiende a su experiencia dentro de la Facultad de Farmacia, donde valora especialmente el ambiente de trabajo colaborativo y humano que se ha construido con el tiempo:
“Ha sido un crecimiento muy gratificante, tanto profesional como personal. Tenemos una relación muy bonita entre colegas, no solo en el departamento, sino también con las otras carreras. Hoy puedo decir que hay un trabajo de equipo real, porque cuando a alguien le pasa algo, de verdad todos nos preocupamos”.
Una experiencia que, según señala, ha reforzado su compromiso con la docencia, la gestión académica y el fortalecimiento de una cultura universitaria basada en el cuidado, la colaboración y la mejora continua.